EPIDEMIOLOGIA DE LAS ENFERMEDADES PARASITARIAS

Las parasitosis están ampliamente distribuidas en todo el mundo y constituyen uno de los grandes problemas de salud pública que afecta principalmente a los países en desarrollo.
En América Latina tienen una prevalencia persistentemente elevada e inalterada a través del tiempo, ya que existe una endemicidad estable en las parasitosis que es el resultado de un proceso dinámico de reinfecciones repetidas. La frecuencia de estas reinfecciones repetidas en la población dependerá de la presión de infección y de la susceptibilidad del hospedero.

 

La Organización Mundial de la Salud (OMS), la considera una de las principales causas de morbilidad, estrechamente ligada a la pobreza y relacionada con inadecuada higiene personal y de los alimentos crudos, falta de servicios sanitarios, falta de provisión de agua potable y contaminación fecal del ambiente. Infecta a personas de todas las edades, pero la sufren principalmente los niños, a quienes les causa trastornos en el crecimiento y desarrollo.
Según publicaciones de la OMS, más de la quinta parte de la población mundial está infectada por uno o varios parásitos intestinales y en muchos países de América Central y Sudamérica el promedio de infecciones parasitarias es del 45%. Se estima en 1000 millones las personas infectadas por Ascaris lumbricoides, 500 millones con Trichuris trichiura, 480 millones con Entamoeba histolytica y 200 millones con Giardia lamblia.
La endemicidad de las parasitosis intestinales es el resultado de un proceso dinámico, basado en infecciones repetidas donde intervienen múltiples factores que se relacionan entre sí, como variables ecológicas, inmunológicas, genéticas, fisiológicas y nutricionales enmarcadas en condiciones socioeconómicas y culturales que favorecen la presencia de dichas enfermedades.
Los primeros factores son responsables del desarrollo e invasión parasitaria, mientras que los factores socioeconómicos y culturales son los responsables de que el medio ambiente se contamine con las diferentes formas evolutivas parasitarias, restableciéndose así el ciclo de la invasión parasitaria.
A pesar de los asombrosos progresos de la ciencia, en la era cibernética y la alta tecnología, el gran avance de la biología molecular y los grandes adelantos de la Medicina, las parasitosis, la mayoría de ellas curables, prevenibles y controlables, siguen siendo una amenaza constante y permanente en la salud de la población mundial.
En las grandes ciudades existe un deterioro gradual de las condiciones de vida, con el establecimiento de "villas miseria", caracterizadas por viviendas insalubres sin agua potable, desprovistas de red cloacal y otros sistemas básicos.
La falta de higiene personal y familiar, la ignorancia con respecto a los hábitos y actitudes perniciosas para la salud, favorecen las condiciones ecológicas para la prevalencia de infecciones producidas por agentes biológicos, especialmente por los parásitos. Pobreza, vivienda insalubre, ignorancia, carencia de atención médica, mala nutrición, hábitos perjudiciales, constituyen los factores antropológicos, sociales y humanos esenciales para las endemias parasitarias, las que a su vez repercuten en la calidad de vida de las poblaciones.
Los que dedican sus esfuerzos a esta ciencia deben empeñarse en ampliar su esfera de influencia, teniendo en cuenta la gran necesidad de transferencia de conocimientos y recursos a los países en desarrollo, asesoramiento y apoyo a las medidas de control de las parasitosis en los Sistemas de Atención Primaria de la Salud y actividades docentes en todos los niveles de la enseñanza y de la comunidad.
Con estas medidas y los avances científicos de la Parasitología actual, se podrá establecer una lucha contra los parásitos que matan, mutilan, enferman y degradan la calidad de vida de millones de seres humanos, a fin de que las “enfermedades olvidadas de gente olvidada” se conviertan en “problemas olvidados de gente sana”.

Factores epidemiológicos

La complejidad de los factores epidemiológicos que condicionan las parasitosis y la dificultad para controlarlos, determinan que las infecciones parasitarias estén tan ampliamente difundidas y que su prevalencia  sea en la actualidad similar, en muchas regiones del mundo, a la que existía hace cincuenta años. Los factores que las condicionan son:

1- Contaminación fecal: la contaminación fecal del suelo y el agua es el factor más importante en la diseminación de las parasitosis intestinales.
 

Suelo: Los elementos parasitarios pueden llegar al suelo de diversas formas:

  • Defecación directa, o a través de letrinas peridomiciliarias.
  • Utilización de residuos no tratados para el relleno de terrenos.
  • Descarga de camiones con residuos patológicos.
  • Utilización de heces como abono de vegetales.
  • Uso de aguas servidas para riego.
  • Disposición en terrenos de barros provenientes de plantas de tratamiento de afluentes cloacales, de piletas de decantación y de filtros de plantas potabilizadoras.
  • Defecación de animales.
  • Utilización de turba de río como fertilizante.

La infectividad del suelo depende del número de elementos parasitarios depositados en determinadas áreas y que consiguen desarrollarse para ser infectantes, y del tiempo de sobrevida de las formas infectantes en el ambiente.
El número de elementos diseminados está en estrecha relación con la densidad poblacional en un área determinada, de las condiciones de higiene y saneamiento, carga parasitaria y del contacto favorable entre suelo y parásito.
El desarrollo de formas infectantes y la supervivencia dependerán de factores físicos, químicos y biológicos como temperatura, humedad, porosidad, textura y consistencia del suelo, exposición a la luz solar, lluvias y vientos, etc.
El suelo, para las geohelmintiasis, permite el desarrollo de las formas infectantes, como sucede con Ascaris lumbricoides, Trichuris trichiura, Ancylostoma duodenale, Necator americanus y Strongyloides stercoralis.
El hombre elimina con las heces las formas no infectantes como huevos o larvas que deberán pasar por distintos procesos madurativos que suceden en el suelo para transformarse en infectantes.
En otras ocasiones el suelo sirve de vehículo como ocurre con Enterobius vermicularis, Taenia sp., Hymenolepis nana, los quistes de protozoos como Giardia lamblia, Entamoeba histolytica, coccidios como Cryptosporidium sp. y amebas de vida libre.
Las formas parasitarias eliminadas por los animales también infectarán al hombre como Toxocara sp., Echinococcus sp, Toxoplasma sp y aquellas que son comunes tanto al hombre como a los animales, actuando éstos como reservorios naturales.

Agua: La importancia del agua en la diseminación de las parasitosis es ser un vehículo de transmisión y permitir la supervivencia de las formas infectantes. El agua se contamina de diversas maneras:

  • Por medio de las heces humanas y de animales.
  • Por destrucción de redes cloacales.
  • Por contacto de pozos ciegos con napas de agua subterráneas utilizada para consumo.
  • Por arrastre de elementos parasitarios de los suelos contaminados a través de las lluvias y de las inundaciones.

Los huevos y larvas de geohelmintos sufren en el agua un retardo de su proceso evolutivo, principalmente por la baja tensión de oxígeno, pero se preservan para condiciones más favorables.
El agua cumple un importante papel como diseminador de las formas infectantes, como sucede con los quistes de Giardia lamblia, Entamoeba histolytica, Cryptosporidium, Isospora, trofozoitos (Acanthamoeba sp.) y quistes (Naegleria sp) de amebas de vida libre responsables de la meningoencefalitis amebiana y formas infectantes de E. vermicularis, T. saginata, T. solium, Echinococcus, etc.
Otros parásitos necesitan del agua para completar su ciclo biológico, como Diphyllobotrium latum, Fasciola hepática, Schistosoma sp.
El factor restrictivo natural más importante en la diseminación hídrica es la sedimentación, que está dada por el peso específico de las distintas formas infectantes.
Los elementos de menor peso (quistes y ooquistes) permanecen mayor tiempo en suspensión permitiendo una fácil diseminación.
Los elementos parasitarios que están en el agua ingresarán a nuevos hospederos para continuar su ciclo de vida a través de la ingesta de vegetales crudos regados con agua contaminada, por inhalación, ingestión o salpicaduras de aguas contaminadas de ríos, lagos, lagunas y piletas de natación y a través del agua para beber.
El agua para beber es la forma más común de infección, debido a la carencia de agua potable en muchas regiones y a veces los tratamientos de potabilización son insuficientes.
Los enteroparásitos inicialmente involucrados en brotes de enfermedades transmisibles por el agua fueron Giardia lamblia y Entamoeba histolytica,
Recientemente se han reconocido géneros como Cryptosporidium, Isospora, Blastocystis, Ciclospora y otras parasitosis emergentes.
Los datos de los brotes de enfermedades por transmisión hídrica provienen de los Estados Unidos y Europa, aunque las parasitosis están más extendidas en los países en desarrollo, pero en ellos se carece de este tipo de estudios.
El Cryptosporidium sp. es el que más interés ha despertado debido al tipo de diarrea que produce, a que se encuentra en la mayoría de los vertebrados, inexistencia de medicación efectiva y a la alta resistencia a los métodos de purificación. Así lo demuestran los brotes endémicos de transmisión hídrica producido en los Estados Unidos con 13.000, 15.000 y 450.000 personas infectadas en Carrolton, Jackson County y Milvakee.
Los criterios de calidad del agua, como los tratamientos de potabilización, están orientados a evitar enfermedades bacterianas. Los parásitos, si sobrepasan en las plantas de tratamiento las barreras de la filtración y de la sedimentación, las desinfecciones serán poco efectivas, porque las concentraciones de hipoclorito de sodio (lavandina) aceptadas para el agua de consumo son insuficientes para atacar las formas parasitarias.

2- Condiciones ambientales: la humedad, temperatura, lluvias, vegetación, latitud, altura, etc. de un área geográfica determinada pueden favorecer o no el desarrollo de los parásitos, la existencia de vectores biológicos (vinchucas, anófeles, flebótomo), vectores mecánicos  (moscas y cucarachas) o reservorios animales establecen la distribución de muchas parasitosis.
Las condiciones geográficas son dinámicas y están en relación directa con la actitud del hombre frente a la naturaleza: la construcción de canales, represas, lagos artificiales, la tala indiscriminada de árboles, el relleno de terrenos bajos, llevan a la diseminación o modifican la presencia de la mayoría de las parasitosis, sobre todo las que necesitan un vector o hospedero intermediario para completar su ciclo biológico: teniasis, paludismo, tripanosomiasis, leishmaniasis, etc.

3- Vida rural: la ausencia de letrinas en las zonas rurales es el factor predominante para la alta prevalencia de parasitosis intestinales en esas zonas. La costumbre de no usar zapatos y tener contacto con aguas, condicionan la presencia de uncinariasis y esquistosomiasis, ya que se transmiten a través de la piel. La exposición a picaduras de insectos favorece la infección por parásitos transmitidos por ellos como la malaria y mal de Chagas.

4- Deficiencias de higiene y educación: la mala higiene personal y la ausencia de conocimientos sobre transmisión y prevención de las enfermedades parasitarias, son factores que favorecen su presencia. Está establecido que en un mismo país, los grupos de población que presentan estas deficiencias tienen prevalencia más alta de parasitismo; estos grupos son los de nivel socio económico inferior, que a la vez habitan zonas con deficiente saneamiento ambiental.

5- Costumbres alimenticias: la ingestión de carnes crudas o mal cocidas permite la infección por tenias, Toxoplasma gondii y Trichinella spiralis. La ingestión de pescado, cangrejos, langostas, en condiciones de cocción deficiente, es el factor indispensable para que se adquiera cestoidiasis y otras parasitosis por trematodes.

6- Migraciones: el movimiento de personas de zonas endémicas a regiones no endémicas ha permitido la diseminación de ciertas parasitosis. Esto ocurre con el incremento de viajeros internacionales, migración de campesinos a las ciudades y refugiados después de guerras o catástrofes.


Distribución geográfica

Algunas enfermedades parasitarias son cosmopolitas, debido a que las condiciones de transmisión existen universalmente, como es el caso de la oxuriasis, parasitosis de transmisión oro-fecal, frecuente en los niños por deficiente aseo de las manos; la tricomoniasis vaginal, que se transmite sexualmente, y la toxoplasmosis transmitida por contaminación con heces de gato o consumo de carne mal cocida.
Otras parasitosis tienen distribución geográfica variable, debido a diversos factores como la presencia de vectores o huéspedes intermediarios exclusivos. Por ejemplo el paludismo ocurre en zonas geográficas donde existe las especies de mosquitos Anopheles, capaces de transmitirlo. El Mal de Chagas es una parasitosis endémica en América del Sur en donde habita el agente vector, Triatoma infestans, conocido como vinchuca.
También influyen en la frecuencia de ciertos parásitos, las costumbres de los pueblos, como por ejemplo el hábito de comer carne cruda y el utilizar heces humanas como abonos.